Este blog cambiará tu vida

El dedos de seda…..

– Mi roomie está de viaje, si está de viaje no está y si no está estoy solo….

-Puedo hacer travesuras, sí, pero si pido a las pizzas 2×1 del martes no comparto.

-Entonces, como llevo 2 meses comiendo porquerías decido cenar bien.

-Arrocito hervido, con pescado al vapor, soya, salsa de anguila y mucho furikake-, me faltan limones para  la soya pero por suerte una viejita aquí a dos casas me hizo el favor de sembrar un limonero y cuidar de él como su hijo (soy un rufián y un ladrón).

-Me enfundo en mi disfraz de rufián y voy hacia su casa a hurtarle, juar juar. No se cómo le hizo pero hoy si los cortó todos, hasta los maaaás altos.

-No importa, cruzo la calle, entro al seven7 y tomo un paquetito de limones, ya está.

-Planeo mi café de mañana y tomo un litro de leche (light por que soy muy nena), ya está.

-Un último desahogo de comida chatarra: un gansito. (Sensación, la última vez que comí uno, todavía pensaba que las micheladas no eran de machos -o sea, muchos años-)

-¿Has visto lo difícil que termina siendo abrir el puto gansito sin aplastarlo todo?

-Si uno es autodidacta, la experiencia suele constar de tres fases. La fase uno tiene lugar, obviamente, la primera vez que uno se enfrenta a un paquete de Gansito. Y en ella, las ansias dominan el proceso. Aún bien no las has pagado y ya estás abriendo el paquete, pero descubres que no es tan fácil como pensabas, que no estás ante un envoltorio más, ni mucho menos; hay bancos menos seguros que un envoltorio de Gansito…

-No hay “abre fácil”, ni línea de puntos, ni nada que haga de la apertura un proceso sencillo, sólo una pequeña muesca en el plastiquito y eso es un error de impresión. En ese momento eres consciente de la paciencia que tenía que tener la gente de hace dos siglos para echar un rapidín: Quitar la falda, la enagua, la faja, las medias, desatar el corsé… Aunque al menos ellos pasaban esos trabajos para echar una acostadita y no para comer un triste pastelito. Lo que hace que te preguntes hacia donde avanza la sociedad si te lleva más tiempo abrir un gansito  que desnudar a un/a chavita/o…

-Y también si merecerá la pena todo el esfuerzo que supone abrir el dichoso paquete para comerse un poco de harina con chocolate, cuando sabes que en menos tiempo tu abuela hubiera hecho la masa, calentado el chocolate y horneado varias bandejas de pastelitos que para colmo sabrían mejor. Si me descuido, la mía, hasta les abría grabado con la punta del cuchillo un dibujito de una señora con una corbata, “Galletas La Abuela de Andrés” (para como es la mía incluso les hubiera rellenado con Bacardi). Pero a estas alturas de la historia tragarte el gansito ya no es hambre, es obsesión, las ansias te pueden, como decía, y arrancas el último plastico, con brusquedad. Automáticamente cae sobre tus manos la mini-repostería toda hecha un bodoque. Bajas a todos los santos del cielo porque te has quedado sin un antojo.

-Sí, ya lo sé, te queda el paquete entero, pero a ti el resto te da igual, tú querías ese,  el panquecito entero, perfecto, sin la mermelada desparramándose, la crema explotada, pero ya no vale ni para que lo picoteen las gallinas. Te sientes indignado, como si estuvieras en un bar, hubieras pedido un capuccino y el barman se hubiera bebido la espuma.

-De la indignación nace la segunda fase. El paquete y tú ya se conocen y saben que merece cierto respeto y vas con cuidado. Te libras del plástico con algo de esfuerzo y aquí vuelves a demostrar los conocimientos adquiridos; debes romper el plastiquito  sólo en la medida justa de las mordidas que le vayas a pegar porque lo protege de la humedad.

-Sigues tirando, despacito, y cuando crees que ya lo tienes, das el último tirón, y ¡zas! Arrancas el papel entero, ¡de arriba a abajo! ¡A la mierda la protección! Y no intentes volver a ponerlo porque te digo yo que es imposible. Es más difícil que enhebrar una aguja a oscuras, que ir a un antro en Lindavista y evitar golpes. Sólo vas a perder la paciencia. Así que más te vale que te comas rápido el gansito en ese momento porque al día siguiente va a estar más húmedo que las sábanas de los Snorkels (si naciste en los 90’s cambia Snorkels por Bob Esponja). Pero eso no es lo peor, lo peor es que pese a todos los cuidados tomados, compruebas que todo es una porquería otra vez. Observas fijamente, incrédulo, y la impotencia te hace culpar a la cajera del Súpercito por no meter las cosas con cuidado en la bolsa. Y es más, no sólo la culpas, si no que te cagas en su madre.

-Frustrado por sentirte inferior a un envoltorio de panecito, para la tercera fase te adelantas un paso. En la caja del minisuper  proteges el paquete como si te fuera la vida en ello. Llegas a casa, pones una música relajante e inicias el proceso. Te libras del plastiquito sin esfuerzo ya que te has dejado una uña larga a propósito convencido de que todo serán ventajas, el gansito será  más fácil de abrir y las chicas creerán que tocas la guitarra, al final lo único que pasa es que cuando te ven dicen: “¡Como está engordando el guarro que no se corta la uña! Debe hincharse con gansitos”. Pero esa es otra guerra. Tú a lo tuyo, cortas el papel de aluminio/plástico (malditas fusiones), te tomas un par de chelas pero la presión es mucha, te falta valor y se te ocurre la gran idea: No tienes porque romper el papel, puedes pinzar el gansito con cuidado. Inclinas el paquete para que la gravedad juegue a tu favor, presionas suavemente con la punta del dedo, estás a punto de conseguirlo, ves como la parte de arriba empieza a volcarse, tu otra mano la espera, intacta, perfecta, fresca, la primera mordida. Un último y ligero toquecito, todo el ladrillo se desprende, cae sobre tu mano y notas un cosquilleo… Sí: Migas. Está roto por abajo. Desistes. Dejas el cochino gansito, te cortas la uña y asumes que moriremos sin ser capaces de comernos un gansito perfecto, como algun dia de niño lo pudiste hacer.

-Algun día me volverá a conquistar con esa vocecita, soy una prostituta de la repostería. (Como escribe de cosas uno cuando está enojado).

Recuérdame!

velcroktty!

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4 comentarios

  1. Yo nací en los 90’s y se muy bien quienes son los Snorkels, deja de abuelear.

    marzo 18, 2009 en 4:48 am

  2. dany ugly

    esta increible esa canción. urge un cover…. sooooo 80´s

    marzo 18, 2009 en 5:05 am

  3. velcroktty

    amo que dice alimentate con leche, carne y huevo!

    marzo 18, 2009 en 7:07 pm

  4. dany ugly

    María! que bueno que comentes, de verdad lo apreciamos…..

    marzo 19, 2009 en 3:48 am

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